|
|
Volver a empezar, de Ken Grinwood |
|
|
|
|
|
La novela es, en este sentido, una obra de búsqueda, puesto que cada repetición de las vivencias previas exige encontrar la propia opción vital. |
|
¿Cómo reseñar una obra que impacta de una manera tan profunda, cuando sabes que todo lo que escribas se quedará a años luz de lo que podría vislumbrar el lector?
Pues no me queda otra que intentarlo, aún sabiendo que cualquier reseña será insuficiente para dar cuenta de esta maravillosa novela, a la que –por cierto- yo no le hubiera traducido el título (Replay en el original), lo que quizá explique porque no soy editor.
En primer lugar, hay que indicar que esta novela de Ken Grimwood, Volver a Empezar, ha conocido en nuestro país dos ediciones: una primera de Martínez Roca de 1994, y la de 2008 de La Factoría de Ideas, que es la que yo he manejado y que –en mi opinión- es una edición correcta y bastante cuidada, una edición como merece una obra como esta.
Respecto a la trama –sin ánimo de destriparla- hay que decir que la obra, ganadora del Premio Mundial de Fantasía de 1988, gira en torno a un extraño fenómeno: el protagonista, Jeff, fallece a causa de un infarto y vuelve a recomenzar su vida durante sus estudios universitarios en los años 60 del siglo XX, así sucesivamente a lo largo de varias ocasiones.
Estas repeticiones (replays) se producen tras su muerte por infarto, siempre en el mismo momento, y hacen que Jeff pueda experimentar varias vidas distintas o, para expresarlo de otro modo, tomar caminos distintos en su vida.
Como conocedor de hechos relevantes que sucederán en el futuro, que para él ya es pasado, Jeff puede tomar decisiones económicas para llevar una vida desahogada y dirigirse hacia un tipo de vida u otra, lo que puede no ser todo lo maravilloso que él querría.
Con una maestría envidiable, Grimwood es capaz de plasmar la desorientación del protagonista y su desazón tras sufrir el replay. Es un hombre que sufre el trauma de morir y de regresar a su juventud, como estudiante universitario, pero conociendo lo que depara el futuro.
Junto a esta sensación de desorientación, de estar fuera de lugar –o de tiempo-, se plasma también un sentimiento de pérdida en el protagonista, no en vano es un adulto que pierde toda su vida y aunque puede rehacerla desde el principio, las cosas nunca salen igual. Sumémosle a eso el hecho de que cada repetición, en tanto distinta en algunos aspectos, pone a Jeff en la tesitura de perder no sólo su vida original, sino el desarrollo de sus vidas repetidas, con lo que la sucesión de vidas es sucesión de pérdidas.
Elemento capital de estas pérdidas es el amor. Creo no equivocarme al afirmar que esta novela es “amorosa” desde el momento en que el protagonista vive en su seno una historia de amor intemporal y, al mismo tiempo, se ve condicionado por la pérdida continúa de parejas y descendencia.
Jeff tiene ocasión de pasar del hedonismo más absoluto, fruto quizá del shock que supone el saberse “repetidor” de su vida, al eremitismo, recorriendo muy variadas opciones existenciales
A lo largo de los distintos replays, Grimwood toca uno de los períodos históricos más apasionantes de los últimos siglos, el que comprende desde los años 60 a los 80 del siglo XX. A la vez que traza la biografía reiterada del protagonista, desarrolla también la narración histórica de una época, trazando una panorámica política, social, cultural y económica del período.
Como no podía ser de otro modo, este relato biográfico e histórico conlleva una profunda crítica, no sólo del período histórico, sino también de las propias perspectivas vitales de toda una generación en la que se incardina el protagonista.
Así, en las distintas vidas redivivas, Jeff tiene ocasión de pasar del hedonismo más absoluto, fruto quizá del shock que supone el saberse “repetidor” de su vida, al eremitismo, recorriendo muy variadas opciones existenciales, que no son sino una panorámica de las diversos modus vivendi y tipos que ha podido conocer la sociedad occidental en el período de las repeticiones.
La novela es, en este sentido, una obra de búsqueda, puesto que cada repetición exige encontrar la propia opción vital, pero a la vez búsqueda también de respuestas o de un mínimo de comprensión de lo que le ocurre.
Será a partir de la página 138 del libro cuando se produzca un cierto cambio que acelerará la trama y solventará algunas de las dudas o angustias del protagonista, introduciéndose un nuevo personaje que, con carácter protagónico, dotará de un nuevo andamiaje y perspectiva a la obra.
De este modo, la búsqueda de respuestas y los distintos periplos vitales confluirán hacia una búsqueda aún más básica en la humanidad: la búsqueda de la felicidad.
En todo el desarrollo de la obra destacan, además del ritmo peculiar que le imprime el carácter casi cíclico, la descripción de comportamientos y de paisajes. Esta característica descriptiva la hace asemejarse por momentos a un libro de viajes, además de crónica histórica y social.
Se puede, comparando las características del protagonista y del autor, percibir un cierto toque autobiográfico en la obra. Tanto el autor como el protagonistas son periodistas, lo que puede llevarnos a pensar que la panorámica vital de Jeff no deja de tener su base en las experiencias del propio Grimwood.
Estamos, en definitiva, ante una extraña y dolorosa novela de la vida o de las vidas, que es a la vez retrato histórico y psicológico, escrita con un ritmo casi circular y con una intensidad que transmitirá poderosas sensaciones al lector.
|
|
|
Página 1 de 1
|
|
|
 |
|
|
Version imprimible
·
Recomendar a un amigo |
|
 |
|
|
|
 |
|
No se permite la reproducción íntegra de este artículo. Para reproducciones parciales o citas, consultar el apartado de NOTAS LEGALES
|
|
|
|
 |
 |
 |
 |
 |
|
|
|
|
 |
|