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Camposanto, de Iker Jiménez |
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Camposanto supone la primera inclusión en el género de la novela del mediático Iker Jiménez, cuya carrera se basa en leyendas, rumores y temas paranormales. |
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En el momento de escribir sobre una obra firmada por un contemporáneo surge un problema evidente desde el planteamiento del encargo. El tipo está vivo y te puede dar réplica. Si a esto le sumamos que en este país nuestro somos cuatro gatos, por muy ancha que sea Castilla, y que además somos un pueblo que ha utilizado las letras como munición para encarnizadas batallas de versos y prosas, pues el asunto se complica algo más.
Entonces la única trinchera en la que uno se puede escudar, subyace en que para publicar en este país siendo oriundo del mismo, hay que estar muy arriba en cuanto a desarrollo profesional o amistades, y que por lo tanto el reseñado se pase por la vaina toledana todo lo que uno diga desde el foro que le da cabida.
Dicho esto afirmo: me ha gustado “Camposanto.” Supone la primera inclusión en el género de la novela del mediático Iker Jiménez. La introducción a estas líneas constata el logro de este caballero de estar donde está, y que todos conozcamos su nombre llamándose Iker y apellidándose, de manera llana y casi vulgar, Jiménez. Producto nacional cien por cien que se cuela en la lista de los más vendidos y eso, con los planes editoriales que se mantienen en España, es ya de por si un mérito.
Además a esto hay que sumarle que el señor Jiménez no es un catedrático, ni consigue su éxito parapetándose tras proyectos históricos o científicos, que eso parece siempre que queda muy serio, si no que su carrera profesional se basa en leyendas, rumores y temas paranormales.
Hay una gran tradición mediática en estos lares de programas que tratan estos campos, pero quiero que tengan en cuenta que es muy difícil vender, a quienes dominan tiempo y espacio en los medios, estos asuntos:
- ¿Y tú qué quieres chaval?
- Desarrollar un programa radiofónico que, basado en la investigación y la aportación de datos, sirva para divulgar y esclarecer en la medida de los posible, los agujeros que no ha conseguido llenar los estudios científicos e históricos.
- Vamos que quieres hablar sobre fantasmillas y perros parlantes
- Si…. Y sobre las caras de Bélmez
Y vas lo haces y te sale bien, creando un estilo propio que gusta a la gente, teniendo un hándicap tan grande como la sombra del doctor Jiménez del Oso (nadie podrá superarle) y compitiendo directamente con alguien tan carismático y con tanto salero como Cebrián.
Más tarde vas y sorprendes escribiéndote trescientas páginas que se leen del tirón. “Camposanto” pide al lector español que se olvide del nombre del autor, pero no suplica sino que fuerza a ello, pues si bien las primeras líneas no pueden dejar de leerse poniendo una voz y una cara de tono y matices conocidos, pronto esta sensación desaparece.
Y resulta complicado, pues el protagonista de la novela es un tal Aníbal Navarro, que fíjate que cosas es locutor de radio y dirige un programa de éxito sobre los misterioso, lo oculto, lo esotérico. Y la va muy bien, de maravilla (la realidad supera a la ficción) y su éxito viene dado por su profesionalidad, por su ansia de investigación, por su curiosidad a encontrar motivos y causas.
Un relato de terror en toda regla con un ritmo absorbente y que no decae en absoluto
Esa es su perdición, pues buscando en comos y porqués, se topa con la figura de otro locutor y periodista, un tipo que estaba en la cima de su profesión y que cayó en picado de forma irremediable, hasta ser enterrado en una fosa de caridad 30 años atrás. La investigación sobre la muerte de este personaje, llevará al protagonista a retomar el trabajo que dejó inconcluso el finado.
Los escritos del periodista muerto desvelarán las primeras claves de un misterio, una conspiración y muchísimas preguntas a las que el razonamiento lógico no puede dar respuesta. La obsesión de desenlace fatal calará en el propio Aníbal, que se verá inmerso en los últimos días de Felipe II, en las claves ocultas de los cuadros de El Bosco y en una lucha arcaica, que enfrenta a sectas heréticas secretas contra secciones más clandestinas aun de la iglesia católica.
Lo que parecía una investigación pura y dura, pronto comienza a tener matices más que inquietantes ¿es la autosugestión ante los descubrimientos lo que altera la mente del protagonista o realmente se esta enfrentado a algo del Más Allá? ¿Por qué si los hechos y documentos que presenta son desestimados por in verosímiles, las trabas ante nuevas pesquisas se suceden? ¿Por qué comienza a morir gente?
Un relato de terror en toda regla con un ritmo absorbente y que no decae.
Mucho manual para confeccionarlo y mucha inteligencia. El inicio, con un prólogo de ambientación histórica, sigue las pautas de “Los Pilares de la Tierra” (hasta que otro genio no invente una forma mejor de comenzar una novela, todos seguiremos imitando al señor Follett). La narración en primera persona permite enfocar un único punto de vista y profundizar en los pensamiento propios de forma cómoda y fluida, ahorrándose el desarrollo del retrato psicológico del resto de personajes.
El no exponer dos líneas de ambientación temporal, sino apoyarse en la del tiempo actual mostrando únicamente retazos en forma de cuñas de los hechos acontecidos en el siglo XVI, es todo un acierto. La inclusión de las fichas de los estudios pictóricos de los distintos lienzos a los que se hacen referencia, es un recurso práctico y efectivo.
Y el utilizarse a sí mismo como referente, haciendo uso al tiempo de personajes, situaciones y capacidades reales, genera un realismo que comienza a inquietar en la página cincuenta. Porque conozco los lugares donde el señor Jiménez sitúa la acción y en ocasiones he compartido las sensaciones que describe en su “Camposanto”... ahora, pasar por allí hace que apure un poco el paso.
Pero la utilización de estas muletas de escritor no crea una obra fría y sistemática, más propia del periodismo que de la literatura, si no que esta novela deja ver al autor tras el cronista e investigador en múltiples ocasiones. El capítulo final, donde se narra la hipótesis literaria de lo acontecido en el pueblo de Tinieblas de la Sierra, lo constata en forma y modo.
El entusiasmo lleva al señor Jiménez a hacer que una sensual y atractiva doctora se ponga minifalda y medias la noche que tiene planeado arrastrarse por unas catacumbas y tal vez el utilizar la celebridad del personaje central para salir del paso en determinadas situaciones, sea algo demasiado sencillo y no guste a todo el mundo, pero la invitación final hacia el lector, con predisposición del autor para indagar en los misterios que quedan sin resolver en el libro, lo compensan.
Buena para leer, sin traductores de por medio, de mano de la editorial Suma de Ideas, que tendría que comprender que, cuando un texto se basa tanto para su argumento en obras visuales, no vendría mal una reproducción de las mismas como complemento obligado.
¿Qué nuevas nos traerá Iker Jiménez? ¿volverá al tema de las caras de Bélmez? ¿se pondrá a escribir de nuevo sobre la chica de la curva? ¿O me hará pasar otra vez una tarde entretenida con una nueva novela? Para aquellos que se atrevan, que osen adentrarse en lo desconocido, indagar en lo oculto, les esperamos aquí, en La Nave del Mist… digo en Fantasymundo.
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