Fragmento de la portada de "Gerardo Gigante" ilustrada por Amandine Piu.
Fragmento de la portada de "Gerardo Gigante" ilustrada por Amandine Piu. | Fuente: Ediciones MAEVA.
Fragmento de la portada de "Gerardo Gigante" ilustrada por Amandine Piu.
Fragmento de la portada de «Gerardo Gigante» ilustrada por Amandine Piu. | Fuente: Ediciones MAEVA.

¿Cuál es el alcance de la ayuda de un individuo en su comunidad? ¿Solo los gestos gigantes tienen repercusión? Gerardo Gigante, el cuento ilustrado de Gilles Baum y Amandine Piu trata de dar respuesta a estas preguntas. El álbum, plagado de ilustraciones en sus cuarenta páginas, cuenta con la traducción de Marta Armengol Royo y la publicación de MAEVA Young.

Gerardo es conocido por todos sus vecinos por ser enorme, ¡gigante! Pero, sobre todo, por ser el vecino más torpe de la ciudad. El pobre intenta no incordiar a nadie, no estropear las luces de navidad con la cabeza al andar por la calle ni acaparar todo el espacio en el autobus. Aún así, sin quererlo acaba cometiendo errores y, pese a ser tan grande, se siente cada vez más solo y más pequeño.

No es hasta la llegada de Zig, un colosal gigante rojo, que Gerardo y los niños del pueblo empiezan a plantearse todo lo que sabían hasta el momento.

Un cuento que nace de la bondad a partir de lo cotidiano y ordinario para resaltar lo extraordinaria que es esa amabilidad per se. Esa es la base de Gerardo Gigante. En base al texto y la ilustración, Baum y Piu han creado a un personaje torpe, tímido, bonachón y antisocial en contra de su voluntad. Una montaña amable con dos pies izquierdos y lo que podríamos llamar miedo escénico.

Gerardo no tiene demasiado claro cómo gestionar su tamaño, tan inmenso en comparación con el mundo que le rodea. Tampoco se le da demasiado bien evitar tropezarse con todo y le da pánico hasta decir lo siento. Eso lo vuelve un gran incomprendido en la sociedad que le rodea. Pero Gerardo se esfuerza y es el primero en involucrarse cuando los niños corren peligro por la aparición de Zig. Baum y Piu comparten las auténticas intenciones del personaje a través de grandes y pequeños gestos. Así, al lector se le traslada la imagen de que no hay que dejarse llevar por las primeras impresiones antes de conocer a alguien.

La premisa parte de la historia de George, un granjero que ayudó a multitud de niños a cruzar la frontera a Rumanía cuando estalló la guerra de Ucrania. Un héroe que nace desde lo ordinario y de la amabilidad intrínseca de su carácter. Por ello, los colores amarillo y azul tienen un papel protagonista y un vínculo entre Gerardo y los niños. Un hilo de color que conecta la historia de George con la de Gerardo. También está presente el rojo como elemento de conflicto, como es el caso de Zig, y de contraste.

Que la paleta de color sean estos tres colores provoca que todos los elementos sean muy fáciles de identificar y de seguir por los más jóvenes. Gerardo protagoniza las páginas sin que su figura resulte apabullante ya que el lector es el primer niño que tiene que conectar con él.

Gerardo Gigante es un cuento ideal para que los más pequeños aprendan sobre la amabilidad, la ternura, la confianza, y se pregunten: ¿qué puedo hacer hoy para que el mundo sea un poco mejor?

Carolina de León
Periodista, camarógrafa y escritora. Con muchas historias que ver, relatos que escribir y memorias que vivir.

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